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El Estrés nuestro de cada día

Autor: Lic. Daniel Wengrovsky

El Estrés se ha instalado en todos los aspectos de la vida humana.  Hoy se habla de Estrés infantil, adolescente, académico, profesional, laboral, post vacacional… Incluso existe el Estrés en la tercera edad. ¿Qué podemos hacer para no “estallar”?

 

Estrés y Comunicación

La revolución y cambios tecnológicos en el área de las comunicaciones humanas, han alterado para siempre la manera de vincularnos y relacionarnos con las personas. Muchas veces tanta “conectividad”, en lugar de acercar, distancia aún más a la gente  y logra separarnos de nuestros afectos. Creemos tener disponibilidad afectiva y nos sorprende descubrir que muchas veces estamos realmente solos a la hora de afrontar crisis y problemas.

Estrés, ¿de dónde venís?

Sin embargo, todos reconocemos que por muy valiosos y necesarios que  sean nuestros vínculos y relaciones humanas; en muchas ocasiones son ellos la principal fuente de ansiedad y preocupación en nuestras vidas.

Por simple definición los vínculos humanos son imperfectos  e incompletos, como todo lo humano. La gente que habitualmente forma parte de nuestro círculo de relaciones tanto en el trabajo como en la familia, son sólo eso: gente. Cargan con sus propias penas y dificultades. Tienen su propio y particular desgaste emocional. Gestionan mal su tiempo. No siempre están disponibles cuando más los necesitamos. Son importantes para nosotros, pero no pueden ser TODO para nosotros. Los necesitamos pero no podemos depender siempre de ellos.

Aquí es donde sentimos la necesidad imperiosa de contar con algún otro significativo, en palabras de Boris Cyrulnik.   Un OTRO que venga a suplir los “baches” y “ausencias” que nuestros amados han generado.  

Un OTRO que sea tan significativo e importante que pueda estar cuando otros no estén, que tenga tiempo cuando  otros no lo dispongan, que pueda y quiera oírnos cuando los demás estén demasiado ocupados oyéndose a sí mismos.

Un OTRO tan significativo para nosotros,  que su sola presencia sea el apoyo suficiente para sobrellevar nuestras cargas más pesadas. Su amor, el remedio que alivie nuestras penas y soledades más profundas. Su fortaleza, la mayor garantía de que podremos hacer frente y superar las crisis existenciales.

Necesitamos tener entre nuestros vínculos y relaciones, un OTRO significativo. Y sin ninguna duda, necesitamos que Dios sea parte de nuestra realidad cotidiana, para que podamos gestionar adecuadamente el estrés, los problemas, ¡la vida misma!.

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